La Cocina de Montaña

La Serra de Tramuntana, el majestuoso macizo de Mallorca, de paisaje inigualable y misterio natural, es la protagonista de esta tercera ruta.
La columna vertebral de la isla tiene una longitud de 90 kilómetros, desde Dragonera hasta Formentor, y emerge del mar creando románticos acantilados y pequeñas calas de guijarros.Toda la sierra en su conjunto se transforma en barrera natural de protección para el temible viento del norte conocido como ‘la Tramuntana’.
El paisaje en Mallorca varía según las formaciones geológicas y en la Serra de Tramuntana se magnifica y deviene inconfundible gracias a sus valles, simas y cuevas, destacando el Torrente de Pareis como espectáculo único en su entorno.
Durante el recorrido rodearemos la sierra empezando tierra adentro con dos pueblos del Raiguer: Binissalem y Lloseta. Ambos con buenas vías de comunicación en las que aparece siempre el mismo telón de fondo, la montaña. Entre fértiles campos y cultivos llegaremos hasta el norte de Mallorca donde visitaremos los pueblos de Alcudia y Pollença. A partir de aquí nos adentraremos en las entrañas de la sierra. Nos espera una carretera muy sinuosa pero de conmovedora belleza que pasa por el valle de Mortitx, el monasterio de Lluc y los embalses de Cúber y el Gorg Blau, hasta llegar a Fornalutx, un pequeño pueblo que ha sabido conservar todo su encanto a través del tiempo.

BINISSALEM
El origen etimológico del nombre de Binissalem lo encontramos en la época musulmana; proviene de “Banu Ssálam”, que signifi ca “Hijos de la Paz”. Este periodo de ocupación árabe dejó numerosos testimonios, todavía en uso, del estilo de vida de sus habitantes, tales como los sistemas de regadío, pozos, canales, etc.
No obstante, la principal característica del término municipal es la presencia de possessions, fincas de estilo noble con grandes parcelas de tierra cultivada, herencia de la sociedad feudal y el comercio agrícola.
De entre estas possessions, las más importantes y conocidas son Morneta, del siglo XVII, las casas de Can Morante (antigua posada de Bellveure) y Can Cabrit, caracterizadas por contener numerosos elementos de estilo árabe; y Bellveure, construida al pie de la montaña en el siglo XV.
La llegada de turistas y visitantes interesados en conocer la arquitectura de Binissalem es cada día más numerosa, especialmente desde que este pueblo obtuvo la categoría de conjunto históricoartístico en 1983. Esto ha sido posible gracias a la época dorada que vivió el pueblo en los siglos XVII, XVIII y XIX, momento en el que se llevó a cabo una notable cantidad de construcciones, tanto civiles como religiosas. Los principales edificios resultantes de esta esplendorosa época son Can Marc, Can Sabater, Can Enric Sureda, Can Llorenç, Can Amengual, Ca l’Ardiaca y Can Garriga, también conocido como Can Torró.
Pero sin duda, lo más impresionante por su belleza y presencia es la iglesia de Nuestra Señora de obines, del siglo XVIII.

LLOSETA
Entre las edifi caciones más representativas del municipio encontramos el oratorio de Son Cocó, en la possessió de Son Ramon. Data del siglo XVII y es uno de los símbolos religiosos de los habitantes de Lloseta.
Asimismo es igualmente destacable la iglesia parroquial del siglo XIX, ubicada en el centro de la localidad. Junto a esta iglesia se encuentran el Palacio de Ayamans y la Casa dels Posaders de Ayamans, testimonios de una época de esplendor artístico.
En estos últimos años la vida cultural de Lloseta se ha visto dinamizada gracias a las actuaciones propuestas por el Teatro de Lloseta y por la celebración del Premio de Pintura Vila de Lloseta.

ALCUDIA
El cónsul Quinto Cecilio Metelo incorporó Mallorca a la República de Roma en el año 123 a.C. y fundó las ciudades de Pollentia y Palma. Los restos arqueológicos de la ciudad de Pollentia, situada a escasos metros del núcleo de Alcudia, ponen de manifi esto el desarrollo económico del que gozaba la ciudad con casas señoriales, teatro, tiendas, etc. Pero las invasiones de los bárbaros en el siglo V destruyeron gran parte de esta riqueza.
Después de la conquista catalana la villa recibe su nombre actual, Alcudia. El rey Jaime II la declara capital del término parroquial, lo que contribuye notablemente a una evolución demográfica y económica muy positiva. Con la construcción de la iglesia, la rectoría y el cementerio, se inició también la construcción del primer recinto amurallado como sistema de defensa, tanto de la villa como de todo el norte de la isla. De esta concepción arquitectónica medieval son testimonio sus estrechas e irregulares calles.
Alcudia también ofrece un amplio abanico de visitas culturales. El centro histórico, para empezar, invita a dar agradables paseos dentro de los límites del recinto marcado por las murallas que conservan gran interés gracias en parte a las puertas de acceso, entre las que cabe destacar la Puerta del Moll o de Xara y la Puerta de Mallorca o de San Sebastián.
Intramuros encontrará edifi cios de relieve monumental como son la iglesia parroquial de San Jaime, en la calle Rectoría, de estilo neogótico, en el mismo lugar que ocupaba la primitiva construcción del siglo XVI, y construcciones de arquitectura civil como los casals de Can Torró, Can Fondo, Can Domènech, Can Calvó y Can Canta.

POLLENÇA
El nombre de Pollentia aparece en el año 123 a.C., cuando Roma conquista Mallorca y funda la ciudad de Pollentia –la actual Alcudia- topónimo que designa no sólo la ciudad en sí, sino también su espacio rural, es decir, los actuales municipios de Alcudia, Pollença y parte de las montañas de Escorca. La ciudad en si, se formaría con la conquista catalana.
El esplendor de Pollença, artísticamente hablando, llegó en el siglo XIX, con la fi gura de Costa Llobera, uno de los más importantes poetas de su tiempo y de todas las épocas. Este esplendor se mantuvo hasta inicios del siglo XX cuando pintores como Santiago Russinyol o Anglada Camarasa se sintieron atraídos por Pollença aprovechando la luz del lugar para realizar sus creaciones.
Los visitantes de Pollença no deben perderse el antiguo convento de los Dominicos, construido en el siglo XVI y convertido en símbolo por el pueblo. Hoy en día y desde hace ya 25 años, cumple la función de museo municipal y centro cultural de exposiciones, proyecciones, etc.
Del siglo XIV datan el puig de María, santuario situado a 330 metros al pie del núcleo urbano, y el oratorio del Roser Vell, visitas obligadas para aquellos que quieran descubrir los símbolos religiosos del municipio, así como el oratorio de Sant Jordi, del siglo XVI, el Temple de Monti-Sion, de 1696, que hoy en día y desde 1882 hace las funciones de Casa Consistorial, la parroquia de la Mare de Déu dels Àngels, que presenta el mismo aspecto desde el siglo XVIII y el Calvario, también del siglo XVIII, ubicado en la cima del monte del mismo nombre.
Otras visitas interesantes son la de las cuevas prehistóricas del Alzinaret de Sant Vicenç, que datan de 1600 a.C., la del poblado talayótico de Bóquer, donde, además, podemos disfrutar de la Cala virgen de Bóquer, y la de la Atalaya d’Albercuix, torre de defensa construida en el siglo XVI y situada en la cima de una montaña de 380 metros desde donde se puede contemplar una magnífica vista de la bahía de Pollença y de Formentor.
Durante el paseo no descuide los pequeños detalles -trabajos en piedra como balcones, bancos y lavaderos- y mire hacia arriba para descubrir la magnífi ca decoración pictórica de las tejas en los voladizos de las casas. Las tejas pintadas son muy frecuentes en Mallorca, aunque no son exclusivas de la isla, y aparecen sobretodo en Sóller y Fornalutx. La época de mayor difusión de las tejas pintadas fue durante el siglo XVI, aunque es una práctica que se extiende a lo largo de los siglos. Éstas presentan diversas composiciones y servían, además de ornamento, para defender las casas de las agresiones externas.

FORNALUTX
Calles empedradas, escaleras empinadas, patios con macetas... todo ello ha hecho de Fornalutx un lugar muy pintoresco y merecedora, por ello, de numerosos reconocimientos y galardones. Podríamos decir que Fornalutx es un monumento en sí mismo, en el que el conjunto urbano invita a pasear y cautiva al visitante, y en el que destacan construcciones como la iglesia parroquial, Can Arbona –actual ayuntamiento-, Can Xandre o la Casa d’Amunt.
Durante el paseo no descuide los pequeños detalles -trabajos en piedra como balcones, bancos
y lavaderos- y mire hacia arriba para descubrir la magnífi ca decoración pictórica de las tejas en los voladizos de las casas. Las tejas pintadas son muy frecuentes en Mallorca, aunque no son exclusivas de la isla, y aparecen sobretodo en Sóller y Fornalutx. La época de mayor difusión de las tejas pintadas fue durante el siglo XVI, aunque es una práctica que se extiende a lo largo de los siglos. Éstas presentan diversas composiciones y servían, además de ornamento, para defender las casas de las agresiones externas.

Restaurantes en Ruta

Can Arabí +informacion
Can Costa +informacion
Eu Centro +informacion
Celler La Parra +informacion
Ca n’Antuna +informacion
Es Turó +informacion
ATB Agència de Turisme de les Illes Balears, Palma de Mallorca (Illes Balears)